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jueves, 10 de diciembre de 2015

"Ocho Apellidos Catalanes": ni sí ni no.

Quién le iba a decir a Emilio Martínez-Lázaro hace algo más de un año cuando se estrenó “Ocho Apellidos Vascos” (2014) que llegaríamos a finales de este año con su secuela abarrotando de nuevo las salas y con dos premios Goya para la primera entrega. El éxito más que abrumador que mantuvo líder a la película protagonizada por la ya consolidada Clara Lago y el debutante Dani Rovira fue la excusa perfecta para intentar repetir el acierto. Sin embargo, no hay que olvidar que aquella primera parte no estuvo exenta de críticas negativas, a pesar de que la taquilla les hiciera oídos sordos. Por lo tanto, ¿qué nos podemos esperar de esta continuación? ¿Es cierto eso de que segundas partes nunca fueron buenas, o la chispa de la comedia cultural vuelve a iluminar las salas?


La respuesta más rápida sería la confirmación del refrán. Si comparamos esta secuela con la original… bueno, no, directamente no hay punto de comparación. No es ya que esa chispa de comedia cultural se haya perdido, sino que simplemente no está. Aquí llegamos a la declaración de intenciones que hay que hacer antes de nada: “Ocho Apellidos Catalanes” NO es una comedia, es un drama romántico de bodas (en plural) con tintes de comedia y sustentado sobre los personajes. Esta breve definición tiene sus consecuencias en el resultado final del film, así que vayamos una por una.
Al igual que la primera, y como bien refleja el cartel, estamos ante una película de personajes caracterizados por su cultura, y son ellos los que llenan la pantalla, por mucho que el director se empeñe en incluir algunos planos generales de ambientes que, como pasaba en la primera, acaban desentonando un poco (¿por qué meter un plano general del ave para mostrar el viaje? ¿No habría sido más provechoso incluir algo de acción durante el trayecto? ¿Qué es ese principio desde el cielo hasta el puerto vasco? Le hubiera dado mucho más ritmo un comienzo brusco con un gag del personaje de Karra Elejalde). Situaciones. Eso es de lo que va la película. Como un teatro, el decorado es solo un telón de fondo para un conflicto cultural y romántico que se desarrolla dialécticamente. Otro punto que remarca a los personajes, es la banda sonora, o más bien, la ausencia de la misma. Tampoco es que se eche en falta, ya que nos basta con sus suspiros de puro desquicio, las carreras, los gritos, los movimientos exagerados… Ellos llenan la pantalla (unos más que otros, como ahora veremos).
Dani Rovira sorprendió con su protagonismo cómico en la primera parte por la chispa constante que tenía. Sin embargo, en esta segunda entrega no puede evitar quedar apagado por culpa del guión. Como hemos dicho, ya no se trata de una comedia a más no poder, sino de un drama romántico de reconquista, y Rovira no está hecho para esto. ¿Quieren verle en drama? Vean la serie de Telecinco “B&B”. Como secundario de apoyo en una serie dramática, está perfecto, ya que puede meter algún punto cómico, pero protagonizar una película, y encima al lado de un peso pesado como Clara Lago, es algo que ha podido con él y con las esperanzas que todos teníamos en un valor seguro de comedia.

Hablando de Lago, si bien en la primera sacaba su comedia de la seriedad y brusquedad vasca, aquí eso se mantiene pero en segundo plano. Ahora ella es la que domina la película, porque domina de sobra el tono del film: el drama (véase “La Cara Ocutla” [Andrés Baíz, 2011]). El más claro ejemplo es un primer plano de su cara durante casi un minuto por el final donde culmina todo el argumento. Se luce, llena la pantalla en cada segundo y, por ende, acaba comiéndose a todos los demás.
Berto Romero es otra de esas víctimas. Por muy bien que lo hiciera no podría haber dado al talla, ni siquiera en la escena que tiene cara a cara con Dani Rovira (esa escena es el más claro ejemplo del tono de la película y de sus consecuencias; un momento que tanto estaban evitando y, cuando llega, sientes que no está pasando nada). Ya suficientemente inexplicable fue su nominación por “3 Bodas de Mäs” (Javier Ruíz Caldera, 2013), y no había quién se lo creyera como secundario, con que ahora, ¿se le da el protagonismo de la película? Mal. Muy mal. Habría que hablar seriamente con quien le haya dicho que es actor de cine.
Karra Elejalde está eficaz, bien, pero como le ocurre a la película en general, no llega ni a la suela de los zapatos de su actuación en la anterior. Incluso a veces fuerza demasiado el acento vasco. Se le da más protagonismo, y sí que hay que recalcar que aguanta con fuerza el protagonismo que le han dado con la trama romántica con Carmen Machí. Al igual que Lago, se luce en el giro al drama.
Con Carmen Machi ocurre un poco lo mismo. El Goya ni lo va a oler ahora. Se luce en el drama con Karra Elejalde, como apoyo a Dani Rovira en su reconquista y en esos increíbles planos que comparte con Rosa María Sardá, que son de lo mejor de la película. Tanto Machi como Errejalde dejan atrás esa caracterización única con la que se lucieron hasta el infinito en la primera parte para abordar más tramas, más trabajadas y en las que dan la talla, pero siempre se echa de menos esa chispa cómica de la primera.
Si Berto Romero es el mayor error del film, Rosa María Sardá es el mayor acierto. Ella se come la pantalla, ella es por lo que se va a recordar esta secuela. El tópico catalán que falla en Romero se percibe y critica en Sardá. Hay quién dirá que casi se interpreta a sí misma, pero sea como sea, es la estrella del film.
Grata sorpresa la de Belén Cuesta que, a pesar de sus no demasiados minutos, entretiene, enternece y hace reír, todo con una mezcla de acentos muy bien pensada. Otro punto fuerte de la película.
¿Para qué reunir a todos estos actores? ¿Qué historia es la que nos van a contar? He aquí el mayor agujero de la película: el argumento. No hay quien se lo crea en ni un solo minuto. De entrada, ya desconcierta al espectador que después del mágico final de la primera, esta película empiece con todo ese trabajo echado por tierra, y es tal que así. De repente, así porque sí. Es de agradecer que traten de mantener el misterio y convertir este comienzo repentino en una incógnita presente durante casi toda la película, pero aún jugando con las razones, no logran ser válidas. Está claro que tenían que hacer una continuación, y solo se les ocurrió separarles. ¿Todo para qué? Cuando acabes de ver la película, pregúntate: y todo esto, ¿para qué? ¿Era realmente necesario?

Ya que comparamos con la predecesora, sí que es de agradecer que se mantengan ciertas claves que resultaran familiares al espectador, como el re-encuentro de Koldo con un personaje al que ama mucho pero siempre con esa distancia entre ellos (un plano de los dos, en este caso con Merche, de perfil, y rectos como un palo, con un montón de espacio entre ambos), Rafa proponiéndose conquistar a Amaia en 3 días, los compadres que llegan justo para la boda… El estilo trata de poner todo de su parte, aunque no se aprecia tanto cariño y delicadeza, debido más que posiblemente (una vez más) a las prisas con las que se ha llevado a cabo esta producción.
Sin duda, hay más trabajo, más medios, ya MEDIASET trabaja sobre seguro y no le importa desplegar todas sus armas. Sin embargo, a veces más es menos, y aquí todo ese empeño claramente visible no se acaba traduciendo en mayor eficacia. ¿Por qué jugártela con esa escena de Dani Rovira en las alturas con un fondo que apesta a ordenador? Para compensar, no vamos a obviar las que son sin duda las dos mejores escenas del film: la escena de la noche anterior a la fiesta, en la boda, donde se cuentan a la vez la historia de las 3 parejas implicadas en la historia (la reconquista de Rafa sobre Amaia con una escena de baile fabulosa en el terreno de lo dramático, el cierre sentimental de Koldo con Merche y el amor “imposible” del personaje de Belén Cuesta con el de Berto Romero); y una breve pero más que intensa conversación entre las dos madres en discordia, los pesos pesados Carmen Machi y Rosa María Sardá, verlas compartir plano es algo que no tiene precio, de ahí no puede salir nada malo.


Para terminar, habría que pararse a pensar, más allá de los medios técnicos o interpretativos de la película, ¿cuál fue la clave de su éxito? La cultura, chocar dos culturas tan opuestas como la vasca y la andaluza, conociéndolas a ambas en profundidad, y mostrar que los polos opuestos se pueden atraer. Conciliar culturas a través de estereotipos. Brillante. Una pena que esta se quede en el camino, ya que con el tema catalán podría haber arriesgado más, algo que no hace, quedándose muchas veces en meros estereotipos consabidos. En esta secuela, las culturas vascas y andaluza, tan presentes en la original, quedan en un más que segundo plano, como mera caracterización de los personajes, y todo (situaciones, diálogos, fingimientos, chistes, estereotipos) se centra en el catalán. Así no concilian nada, porque no enfrentan nada, solamente tratan una cultura un poco al extremo, llegando incluso a la burla. No digo que vaya  a sentar mal la película, pero digamos que esa etiqueta de “película cultural” de la que tanto presumía “Ocho Apellidos Vascos” se ha cambiado por la definición general de la película que sin duda entretendrá, gustará (si sabes cómo ir a verla) pero que, en mayor o menor medida, a los millones de espectadores que repitieron con la primera parte y esperaban una buena razón para hacerlo ahora, decepcionará: un drama romántico de reconquista sobre bodas. 


"Ocho Apellidos Catalanes" (Emilio Martínez-Lázaro, 2015). Reparto: Dani Rovira, Clara Lago, Karra Elejalde, Carmen Machi, Rosa María Sardá, Berto Romero, Belén Cuesta. Género: Comedia. Duración: 99 minutos. Trailer: https://www.youtube.com/watch?v=ebyALRLNdpA


RJ

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